La ansiedad se percibe de forma física, pero puede formar parte de un proceso espiritual

Hoy os voy a hablar de la ansiedad, un tema que últimamente he conocido de primera mano, aunque lógicamente conocía la teoría y he ayudado a personas a superarla. Pero nunca la había vivido en primera persona. Ahora me ha pasado y… sorprendido, primero porque no me he dado cuenta y segundo porque ahora sé lo que se siente y lo puedo describir.

Voy a empezar citando una canción de Julio Iglesias “Caballo viejo” que dice: “Cuando el amor llega así de esta manera, uno no se da ni cuenta…” Pues aunque nada tiene que ver podríamos cambiar la palabra amor por ansiedad y sería muy acertado. Porque “Cuando la ansiedad llega uno no se da ni cuenta”.

Casi siempre hay un motivo desencadenante: una ruptura amorosa, una pérdida de trabajo, la muerte de un ser querido, etc.

Desgraciadamente, a veces la causa, si la hay, ni siquiera llegamos a conocerla.

Pero, a veces, más de las que piensas, se trata de un proceso de evolución espiritual.

En este post, me limitaré a describirla, para que, si te ocurre, la identifiques enseguida.

Empiezas por “sentirte mal”. No es algo definido, ni siquiera alarmante, sino una sensación de que no estás en plenas condiciones físicas y/o psíquicas. Quizás estás más cansado/a de lo habitual; quizás más triste o desalentado/a sin motivo aparente; quizás te das cuenta de que se te olvidan cosas y que nunca antes te había pasado.

En fin pequeñas cosas, a las que en principio no das importancia. Piensas que estás pasando una mala racha, incubando algún tipo de virus, haciéndote mayor o le echas la culpa a la astenia primaveral, al equinoccio de turno o a cualquier otra cosa que se nos vaya ocurriendo.

Pasa el tiempo, tienes días mejores que otros, incluso temporadas en las que se te olvida. Pero vuelve…

Un día te empiezan a aparecer otro tipo de síntomas. Difícil es describirlos todos pueden ser múltiples y variados de una persona a otra. Pero intentaré hacer una lista de los más habituales:

  • Problemas de atención
  • Falta de concentración, y memoria.
  • Preocupación excesiva.
  • Irritabilidad
  • Bloqueos: de repente no sabes que estabas haciendo.
  • Dificultades para actuar o todo lo contrario, dificultad para estarse quiet@
  • Agobio
  • Amenaza, ganas de huir, ganas de cambiarte de casa o de país inclusos.
  • Sensación de vacío y dificultad a la hora de tomar decisiones, no sabes que hacer el algunas cuestiones y tiendes a no hacer nada a ver si se solucionan solas
  • Temor a la muerte, sobre todo a la hora de irte a dormir y pensar que puedes no despertar.
  • Molestias en el estómago (náuseas, vómitos, ardores, etc). También pueden ser intestinales.
  • Tensión, rigidez en los músculos, dolores raros que van cambiando de sitio y lo mismo aparecen que desaparecen.
  • Problemas cutáneos de cualquier tipo que parecen alergias, pero que se presentan y se marchan sin ninguna razón aparente, como rojeces, eccemas, etc.
  • Sensación de mareo e inestabilidad en momentos puntuales, a veces durante unos segundos.
  • Y finalmente llegan la taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire y, en los casos más agudos entras en la fase de crisis de pánico.

Con cualquiera de estos síntomas que suelen no darse por separado sino en grupos, uno termina finalmente por ir al médico.

En el peor de los casos el médico no le da importancia, te toma la tensión, te da unas vitaminas o algo por el estilo y te manda para casa sin más.

En el mejor de los casos, tu médico empieza a hacerte pruebas, en función de tus síntomas. Pero las pruebas no arrojan ningún resultado y, como está tan perdido como tú termina por empezar a mandarte a especialistas. Si vas a la Seguridad Social, ya se sabe, meses de espera con la esperanza puesta en la visita y los resultados, para que finalmente el especialista de turno, tampoco encuentre nada.

Y así, un largo peregrinar, en el que tu te vas sintiendo cada vez peor, hasta que das con alguien que se le enciende la bombilla y te dice que todo eso es perfectamente compatible con un cuadro de ansiedad.

¿Ansiedad? –dices tú- ¡pero si yo no estoy nervioso/a! ¡Lo que estoy es hecho/a polvo!

Pero es más complejo que estar nerviosa o nervioso.

Es que durante meses o incluso años has ido reprimiendo situaciones que te mantenían en estado de alerta permanente y se ha convertido en tu “modus vivendi”, sin que te dieras cuenta, hasta cuerpo empieza a mandarte señales para que le hagas caso.

En mi caso, y os lo voy a contar por si alguien está igual y le sirve para algo, empecé por tener dificultades para conciliar el sueño. Me molestaba todo, si hacía frío, si hacía calor, si el pijama no me permitía darme bien la vuelta en la cama, si la almohada era demasiado alta o demasiado baja y un largo etc. de incomodidades. No podía catalogarse de insomnio, porque una vez me dormía, dormía bien y me levantaba bien. Solo que cada vez me costaba más tiempo llegar a dormirme. Después dormía ya muy poco, porque cuanto me tocaba despertarme casi me acaba de dormir.

Con los meses, llegue a pasar noches enteras sin dormir, porque para no dar vueltas tontamente en la cama, me levantaba y me ponía a hacer cosas.

Hay que decir que había probado todos los fármacos (a los que era muy reacia, como os podéis imaginar) para dormir, sin que ninguno me hiciera efecto. O mejor dicho si, tardaba lo mismo en dormirme, pero luego no me podía despertar, así que los deseché. Probé todas las combinaciones posibles de plantas, pero no conseguí gran cosa.

Lo curioso es que no me encontraba cansada a pesar de no haber dormido nada, pero…

Poco después empezaron los dolores musculares.

Sobre todo, si estaba un rato sentada, cuando me iba a levantar me dolía todo hasta que la “musculatura se calentaba”. Llegó un momento que el darme la vuelta en la cama cuando, por fin al cabo de unos días de no dormir lo había conseguido, me producía un dolor tal que me despertaba. Esto lo mejoré bastante tomando dosis altas de magnesio. Eso me dio algo de respiro

Meses después empezaron las ronchas y los picores que aparecían y desaparecían y que me trataban con corticoides.

Al mismo tiempo, llegó el tener dolores de mandíbulas de tenerlas todo el tiempo apretadas. Pero pensé que eso también era normal dada la situación que estaba viviendo y aunque era terrible muchas veces, era lo que menos preocupaba.

Después llegó el cansancio permanente y la falta de aire. Para barrer mi casa, me tenía que sentar cada cinco minutos y finalmente, incluso vestirme era un acto heroico.

Meses de espera para los especialistas porque mi médico, el pobre, a parte de una hipertensión y una ligero hipotiroidismo que me trató enseguida sin que la cosa mejorara, no había sido capaz de encontrar nada más.

Alergólogo que no encontró nada.

Cardiólogo, que me hizo pruebas para una insuficiencia cardiaca que se perfilaba (unas veces si y otras no) en los electrocardiogramas.

Pruebas de fibromialgia, para la que me faltaban puntos y me sobraban síntomas…

Y así, más de un año hasta que mi médico, alarmado porque llegué a la consulta en un estado de disnea altísimo y con un ritmo cardiaco de infarto (gracias a lo cual, pudo ver en vivo y en directo, lo que yo estaba viviendo cada vez que hacía un esfuerzo) me envió al hospital con un volante de urgencias.

Varias pruebas más tarde vino el cardiólogo y me dio la noticia: Lo que usted tiene es ansiedad.

¿Cómo? ¿qué? ¿y eso explica todo lo que me está pasando?

Pues, al parecer sí. Y empezó a darme explicaciones de los casos en los que habían encontrado, entre ellos algunos pacientes a los que casi entran en quirófano por una dolencia que en realidad no tenían.

En aquel momento, me vinieron a la cabeza todos mis conocimientos sobre el tema y que siempre había visto desde fuera, nunca en propia persona y me di cuenta de que con toda probabilidad llevaba razón. Pero es que eso es algo que les ocurre a los demás, nunca a ti…

La triste realidad es que nadie está exento.

Por fín, me dí cuenta de que formaba parte de la evolución espiritual que llevaba un tiempo experimentando.

Los cambios de naturaleza espiritual se dan, a veces, de forma pausada y paulatina. Otras veces, de forma abrupta y desencadenando efectos físicos de todo tipo. Pero, sea cual sea la forma en que lo experimentas, una vez que comienza, el proceso continúa durante el resto de tu vida. Y, esta evolución, muchas veces, te altera sin que te dés cuenta.

Seguiré pues dedicando una parte importante de este sitio a la Ansiedad y a las formas de enfrentarla. Espero que os ayude.

 

 

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