La Cueva de los Tayos

Esta enigmática cueva situada en la zona de la selva alta virgen de la República de Ecuador ha sido y es objeto de polémica.

Su descubrimiento “oficial” fue en 1969 por el húngaro nacionalizado argentino Juan Moricz. Aunque, años antes, un sacerdote arqueólogo llamado Pedro Porras ya había encontrado en la zona lo que él creyó un enterramiento aborigen de mucha antigüedad.

A pesar de estos personajes y de que fue Juan Moricz quien empezó a popularizar el hallazgo.

Este, en realidad, se debe a un enigmático personaje, sacerdote también y aficionado a las antigüedades.

El, habría descubierto, gracias a los regalos que le hacían los indios Shuaras (antes conocidos como los jíbaros reductores de cabezas), auténticos guardianes de la Cueva, había reunido ya todo tipo de material en 1920.

Este misionero italiano, Carlos Crespi, llegó a reunir una tal cantidad de piezas que se llegó a hacer un museo con todas ellas.

Museo, por cierto, que décadas después sufrió un incendio (dicen que provocado), tras el cual las piezas desaparecieron y casi nada apareció quemado entre los escombros, simplemente se había evaporado…

De La Cueva de los Tayos, que, por cierto, no es una cueva sino una auténtica ciudad subterránea tallada por el hombre,  se dice toda clase de cosas.

Desde que hay (o había, porque aquí la conspiración está en marcha) una inmensa biblioteca en metales de hierro, plata y oro, con una escritura desconocida y muy antigua, hasta que fue visitada por NEIL ARMSTRONG, casi inmediatamente después de su viaje a la luna. Y, que, además de decir que había sido más impresionante que su propio viaje estelar, se habría llevado, supuestamente en nombre del servicio de inteligencia americano, unas cuantas decenas de cajas con contenido extraído de dicha cueva.

El filólogo hindú Dileep Kumar, que tuvo acceso a una de las láminas del Padre Crespi, publicó en 1976 que la escritura era muy parecida a escritura Brahmi, utilizada en el período Asokan de la historia de la India, hace unos 2.300 años…

Pero Moricz también afirmó que tenía cierta similitud con los caracteres húngaros antiguos.

En definitiva, se parezca a lo que se parezca, no se ha podido descifrar y no es probable que puedan darse muchas explicaciones por el momento ya que la Cueva se halla fuertemente custodiada y obtener un permiso para visitarla parece ser sumamente difícil. A todo esto, hay que sumarle que es bastante inaccesible y que se necesitan dotes de escalador para descender los 63 metros hasta la entrada de la Cueva.

Como una imagen vale más que mil palabras, os comparto unos cuantos vídeos sobre el tema que vale la pena ver:

 

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