La gente se casa más que nunca, pero parece que las relaciones van a peor.

De los cientos de consultas que recibo cada mes, hay una cosa que me inquieta profundamente.

Desde luego, tengo que admitir que el 70% son mujeres y el otro 30% son hombres.

¿De qué se quejan las mujeres?

De estar en relaciones ambiguas en las que el hombre no quiere comprometerse. Nada nuevo bajo el sol. Pero, lo más preocupante es que las razones que esgrimen es “porque no se sienten preparados”.

Y no estoy hablando de relaciones incipientes de pocos meses, la mayoría llevan una media de 5 años, año arriba, año abajo.

La cosa siempre empezó de la misma manera. Chica conoce a chico, se gustan, comienzan una relación de amigos con derecho a roce y de forma esporádica, la mayor parte de las veces.

En algunos casos, la relación va fluyendo, se intensifica, se ven cada vez más a menudo, pasan más tiempo juntos e, incluso, se presentan a las familias, padres o hijos, según el caso.

Otras siguen estancadas durante años en esas relaciones esporádicas, en las cuales, estadísticamente, es el chico, en mayor número de casos, quien decide cuando se ven y cuando no, mientras la chica se limita a esperar a que el otro decide. Hay casos al contrario, pero muchos menos.

Con el paso del tiempo, uno de los dos quiere pasar al siguiente nivel, casi siempre la chica y llegan incluso a vivir juntos. Pero, en cuanto eso ocurre, si es que ocurre, empiezan los problemas.

Por lo visto, el chico pensaba que, el hecho de vivir juntos no implicaba que no podía entrar y salir de casa como si fuera un hotel y que incluía ciertas obligaciones de pareja, como la fidelidad, sino se había pactado lo contrario.

En cuanto la chica empieza a reclamar una relación “normal y tradicional”, empieza la hecatombe.

Incluso financieramente, muchos hombres no se implican en los temas domésticos. Aunque también los hay que es prácticamente en lo único que se implican y piensan que con dar a su pareja el dinero necesario para el funcionamiento del hogar, ya han cumplido.

La realidad que yo vivo día a día es de mujeres de todas las edades que sufren por un hombre que no se compromete lo suficiente.

Las preguntas que les hago son:

– si cuando le conociste ya te dijo que eso es lo que quería ¿Por qué seguiste?

La respuesta suele ser porque eso, en ese momento, le parecía bien, pero ella ha evolucionado y él no.

– si has ido viendo que no evolucionabais al mismo ritmo ¿por qué seguiste?

La respuesta suele ser porque pensaba que le costaría más, pero llegaría al mismo punto

– con ese panorama ¿por qué das el paso de vivir juntos?

Respuesta: Porque le insistí y cedió.

– en serio crees que lo que no ha ocurrido en tres, cinco u ocho años a terminar ocurriendo?

No hay respuesta. Un intermitente balbuceo y lloros diciendo que es que le quieren mucho.

En cuanto a los hombres, lo más curioso es que se quejan de lo mismo. Aunque la edad es mayor en estos casos, entre los hombres que entre las mujeres, también se quejan de la falta de compromiso de las mujeres.

Ocurre exactamente igual en las parejas homosexuales, aunque, sorprendentemente y a pesar de la fama generalizada de promiscuos, en mi experiencia, cuando forman relaciones las forman mucho más estables y duraderas.

Y, finalmente, si la pareja no se ha roto con todas estas incertidumbres, un día, como si eso fuera a arreglar la situación, deciden casarse e, incluso, tener hijos. Pero, lo que no se puede ser no puede ser y, además, es imposible.

Las cosas no se arreglan por firmar unos papeles. Se arreglan porque hay sentimientos, se da valor a esos sentimientos y se “echa leña al fuego para mantener viva la hoguera del amor.

¿Qué rayos nos pasa?

¿En serio nos hemos vuelto tan egoístas y cobardes que no estamos dispuestos a dejar de lado nuestras conveniencias individuales por amor a otra persona?

Mucho me temo que no es esa la razón, sino que nos dejamos llevar por la atracción del momento, idealizamos a la persona y nos enamoramos del amor y le ponemos ese rostro.

Además, somos cada día más inmaduros, incapaces de afrontar responsabilidades y mucho menos asumir las que conlleva una relación de pareja.

Y, lo peor, crecen y crecen las relaciones ocultas, por parte de ambos sexos a partes iguales, que, incapaces de enfrentarse a la situación, buscan seguir con la pauta de “amigos con derecho a roce” con otras personas.

O ha llegado el momento de abandonar los valores que nos han inculcado sobre la fidelidad y la familia y pasar a otro modelo de relación o, como decía Mafalda: “el mundo está muy malito”.

Entre tanto, lo que es una realidad, la triste realidad es que hay cantidad de personas sufriendo por amor, o mejor dicho por “desamor” o por insatisfacción y eso les afecta en todas las demás parcelas de su vida.

O terminamos todos adictos al Lexatín y sustancias parecidas para adormecer nuestras emociones o a esto hay que darle un giro de 180° o quienes se van a hacer de oro, son las farmacéuticas y los abogados de divorcios.

A reflexionar.  

 

 

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