Nati, el reencuentro

Nati vivió su primer amor en el colegio. Santi era el chico de sus sueños. Eran adolescentes y vivieron el verano de su vida cuando ambos tenían 15 años. Pero, como suele ocurrir, después de un romance adolescente de verano, a la vuelta de las vacaciones continuaron la relación hasta que el instituto se acabó y sus vidas se separaron. Ella fue a la Universidad y él se puso a trabajar. Poco a poco sus caminos se separaron.

Tiempo después, Nati se casó y tuvo dos hijos. De vez en cuando se acordaba de Santi, pero nunca volvió a tener noticias de él.

Nati vivió quince años de feliz matrimonio con su marido hasta que la enfermedad se lo llevó. Ella cuidó de él hasta el último suspiro.

Al entierro de su marido fue mucha gente, entre los asistentes, una sorpresa: Santi. De alguna manera se había enterado del acontecimiento y allí estaba, acompañándola en ese trance.

En los pocos minutos en los que pudieron cruzar algunas palabras, Santi le contó que él también estaba casado desde hacía bastantes años. Rememoraron con nostalgia su romance de verano de los 15 años y se despidieron con la intención de quedar en otro momento para ponerse al día. Se cambiaron los teléfonos. Pero, como casi todos los propósitos que se hacen en esas circunstancias, ese encuentro no se dio.

Pasaron 13 años más y Nati recibió un día la llamada de Santi. Él también había enviudado y quería volverla a ver.

Se encontraron y, tras romper el hielo inicial, de repente ambos sintieron como si el tiempo nunca hubiera pasado. Volvieron a sentirse como si tuvieran 15 años.

En las semanas que siguieron, Santi iba lanzadísimo. Quería recuperar el tiempo perdido. Le dijo a Nati que, ella había sido el amor de su vida, que había amado mucho a su mujer, pero que nunca fue lo mismo. Llegaba el verano y Santi hacía planes para irse juntos de vacaciones. Incluso para vivir juntos al regreso.

A Nati le daba vueltas la cabeza. Pese a que ella también estaba ilusionada, le dijo a Santi que debería reflexionar. Ella llevaba trece años viuda, había hecho su duelo y sus hijos estaban preparados para que su madre rehiciera su vida. Pero, ¿no iba Santi demasiado deprisa? Acababa de enviudar, no había tenido el tiempo de hacer el duelo y sus hijos, lógicamente, no verían con buenos ojos que su padre rehiciera su vida tan pronto. Quizás, se lo deberían tomar con más calma.

Así pues, acordaron que cada uno de ellos pasaría las vacaciones con sus hijos correspondientes y que, a la vuelta, retomarían la relación con más calma.

No supieron nada el uno del otro durante las vacaciones de verano.

Por supuesto, Nati esperaba con ansia el final del verano para retomar la relación con Santi e ir poco a poco, tal y como habían acordado. Pero, el verano acababa y no había noticias de Santi.

Nati, empezó a preocuparse y mandó un mensaje a Santi para preguntarle si estaba bien, si habían ido bien las vacaciones y cuando se verían.

Santi le contestó por escrito. Necesitaba tiempo. Ella llevaba razón, se había precipitado, era muy pronto y tenía que poner en orden su vida.

Nati, comprensiva, le concedió el tiempo, le dijo que contaba con su apoyo y que no dudara en llamarla para hablar o verse y retomar la relación cuando estuviera preparado.

No hubo mensajes, ni llamadas ni encuentros.  6 meses después, por su cumpleaños, Nati se atrevió a mandarle un mensaje a Santi para felicitarle su cumpleaños. La respuesta de Santi fue un escaso gracias.

Nati lloró amargamente su decepción. ¿Cómo podía un hombre pasar de decirle que era el amor de su vida y del entusiasmo de querer ir a vivir juntos a ignorarla completamente y no darle explicaciones?

Nunca obtuvo la respuesta. Santi se limitó a bloquearle el teléfono, mensajes y redes sociales, sin más explicaciones.

 

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