¿Por qué se terminan las relaciones de pareja?

Esa es una cuestión complicada y muy general, pero voy a tratar de dar algunas respuestas y trataré algunas de ellas más en profundidad en otros artículos.

  1. El amor se termina por una de las dos partes.

Todos tenemos la idea romántica de que si el amor es de verdad es para siempre. Quizás lo sea, conozco a muchas parejas que se mantienen o se han mantenido juntas a lo largo de su vida. Pero ninguna de ellas te dirá que haya sido fácil.

El amor hay que cultivarlo y regarlo como a una planta porque, aunque sea auténtico, es frágil.

Lo es porque los seres humanos no somos perfectos, tenemos muchas virtudes, pero también muchos defectos.

Cuando nos enamoramos de alguien nos esforzamos tanto por gustar a esa persona como por hacerla feliz.

Con el paso del tiempo, la rutina se impone y poco a poco dejamos de esforzarnos. Por un lado, porque nos relajamos y el espíritu de conquista desaparece, por otro, porque nuestros propios intereses pasan a ser más importantes que los de la otra persona.

Lo ideal sería encontrar un equilibrio entre los intereses de los dos, pero, a menos que la relación haya sido sana desde el principio eso es muy difícil.

Poco a poco, la otra persona deja de importarnos tanto como al principio, puede llegar un momento en que nos sea indiferente o, incluso, que no la soportemos y entonces empieza el final.

 

  1. Habíamos idealizado a la otra persona.

Esa es una de las razones más frecuentes. Muchas veces tenemos tantas ganas de encontrar a alguien que cuando encontramos a alguien que nos atrae la idealizamos para que se adapte a la imagen que nosotros queremos tener.

A veces, no es todo culpa nuestra ya que al otro/a seguramente le ha pasado lo mismo. Pero, si, en lugar de dar las cosas por hecho, nos hubiéramos tomado un tiempo para observar y conocer a la otra persona, quizás no hubiéramos llegado más lejos.

Sin embargo, de la misma forma que no se puede mantener un rol con una personalidad diferente a la nuestra durante mucho tiempo, tampoco podemos mantener una idealización eternamente. Pues, la convivencia, si llega, o el tiempo en general, saca a la luz las verdaderas personalidades.

Un día descubres o descubrís, que para nada es como él o ella pensabais que era.

Los más conservadores o comprometidos, seguiréis adelante por el compromiso adquirido y, creedme no es una buena idea. Al final os amargaréis la vida el uno al otro y terminaréis bastante mal.

  1. Por orgullo.

A veces, el problema que lleva a una pareja a romper no es la falta de amor sino el exceso de orgullo.

Desgraciadamente, aunque lo ideal es que en una pareja ambos sean complementarios, el ser humano es tan competitivo que uno de los dos o los dos, intentará imponerse al otro.

Generalmente, cuando eso ocurre, uno de los dos se impone de forma natural y el otro o la otra se convierte en el sumiso. No os equivoquéis, no siempre es la mujer la sumisa, hay muchos, pero muchos, los hombres que son sumisos en el hogar.

Cuando esa situación, en la que uno controla y el otro sigue la inercia es aceptada por ambos lados, a veces de forma inconsciente, la cosa puede funcionar. Pero cuando ninguno de los dos se acomoda a la situación y los dos quieren ser dominantes, empiezan las peleas.

La pareja puede amarse verdaderamente, pero sus egos son mucho mas fuertes y ninguno de los dos quiere ceder.

Ese es el tipo de relación que puede acabarse de forma brusca, con un enfado en el que uno de los dos coge sus cosas y se va.

La mayoría de las veces se arrepienten, pero el orgullo no les deja reaccionar.

 

  1. La infidelidad.

En realidad, esta es una consecuencia de alguna de las anteriores. Cuando alguien se siente atrapado en una relación que no le llena lo busca en otra parte.

Hay dos tipos de infidelidad: la espontánea (no programada) y la reiterativa. Es muy importante discernir que las motivaciones de las dos modalidades son diferentes.

La infidelidad espontánea es algo que puede ocurrirnos a cualquiera.

No hay que engañarse, la fidelidad es, con mucha probabilidad, una cuestión de educación y un medio para evitar la promiscuidad y que la estructura tal como el ser humano la estableció desde el principio de nuestra sociedad actual, se mantenga.

Es decir, hay un núcleo central sobre el que gira el resto de la sociedad y ese núcleo central es la familia. Imaginaos si no tuviéramos esa conciencia de familia y todos fuéramos teniendo relaciones libremente y tuviéramos hijos sin saber quién es el padre. ¿Quién los cuidaría? ¿Cómo estableceríamos nuestras normas y leyes?

Es cierto que, algunas tribus en algunos lugares actúan más o menos así y entre toda la tribu cuidan de los pequeños. Pero, son un clan y tienen sus propias normas. A veces me pregunto si no son más civilizados que nosotros. Pero en el mundo occidental no funciona así y la fidelidad está muy arraigada en el sser humano moderno.

Infidelidad espontánea: Sin embargo, a lo que vamos, nadie esta exento de sufrir alguna vez la tentación y caer en una infidelidad. Una noche fuera de casa, fiesta, bebida, amigos o amigas que te incitan y, sin saber como ni porqué, acabas teniendo sexo con alguien que, la mayor parte de las veces, no conoces y no tienes intención de conocer.

Este tipo de infidelidad no debería revestir la importancia que le damos si fuéramos conscientes de que hemos cedido a un instinto básico y no ha habido sentimientos de por medio. Y, lo mas importante, ha sido un hecho puntual, con arrepentimiento y sin intención de repetirlo.

En mi opinión, y esto si es personal e intransferible, es más importante la lealtad que la infidelidad: Entiendo que la fidelidad es no tener relaciones sexuales con otros/as y la lealtad es estar siempre ahí, al pie del cañón, en el día a día y cuando se necesita.

Por eso, puede ser más fácil perdonar una infidelidad espontánea, pero no la deslealtad.

 

La infidelidad reiterativa: Es cuando uno de los miembros de la pareja inicia y continua una relación en paralelo y, por supuesto, en la clandestinidad.

Como decía, esto es una consecuencia de carencias en la relación.

Cualquiera de las cosas anteriormente descritas puede hacer que la persona, ante la insatisfacción, pero preso/a del compromiso por múltiples razones, opte por encontrar de nuevo la ilusión con otra persona.

Cobarde, cierto, pero realista y habitual.

Las personas nos instalamos en la zona de confort y es mas fácil engañarnos y engañar que hacerle frente a la realidad. Eso no solo es infidelidad sino deslealtad, porque la persona infiel mantiene su estatus de pareja por comodidad, la mayor parte de los casos o, por un malentendido sentimiento de compromiso.

 

  1. La evolución de los dos se da de forma diferente.

Este es un factor que casi nadie tiene en cuenta y que, sin embargo, es muy importante.

La evolución de los hombres y de las mujeres hoy en día es diferente, debido sobre todo a que ambos trabajan fuera de casa, conocen a gente diferente y hacen intercambios intelectuales y emocionales fuera del seno de la pareja.

Es necesario para que la relación funcione compartir esas experiencias de la vida diaria para poder tener una evolución más o menos simultánea. Podéis leer esto con mas profundidad en el artículo “La evolución de los roles hombre-mujer a lo largo del tiempo”.

Por otra parte, el aumento de la esperanza de vida es algo que también hay que considerar. En poco tiempo ésta ha pasado de 40 a 80 años. Así que lo que antes era “toda la vida” eran como mucho 25 años, teniendo en cuenta que la gente se emparejaba a la edad de procrear.

Además, durante esos 25 años la mujer vivía la vida a través de los ojos del marido puesto que, la mayor parte de las veces, ella no trabajaba fuera de casa y sus amigos y conocidos eran los de su marido.

Ahora el “para toda la vida” son más del doble de años y, como explicamos en el artículo mencionado anteriormente, son muchos años para madurar de forma diferente.

 

  1. Por causas varias:

  •  Los malos tratos.
  • Que un miembro de la pareja beba o se drogue.
  • Algunas enfermedades que el otro/a no es capaz de afrontar.

Temas controvertidos de los que hablaremos más adelante.

 

 

 

 

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